...Y huyendo permanece
Ana Rossetti
No puedes escapar y todo se sucede.
Como en las pesadillas, a nada puede asirse
tu impaciencia, y quisieras parar
el móvil ciclorama que en tu ventana fluye
y antes de que tu ojo lo descifre y contenga,
veloz cambia.
Y el paisaje es amor y tu corazón pájaro
y tu breve corpiño frágil brida.
No queda otro remedio que, con agudo broche
de puñal, sujetarlo: lengua afilada, hundida
en la bruna ciruela, repleto corazón
de amargo jugo.
Todo al fin detenido, esperando
a que tú te decidas. Y el agua sea quizás
la única salida soportable.
Dilúyete en su hoja de cristal sosegado
y el nombre que en tus pulsos se repite
espárcelo en guirnaldas: clavel sea,
que sea fiebre de flecos, de incendiadas gavillas,
la alta llama.
Sangre o flor o amor desesperado,
adentrándose, en ríos tornarán
sus radiantes candelas y tú te arrastrarás,
henchidos tus vestidos, por la pulida cinta
del vagabundo Rhin, como en un baile.
Fácil y subyugada
te dejarás llevar, tu corazón contigo,
fugitiva por fin y por fin insensible.
