Texto: Benjamín Prado
Canta: Joaquín Sabina (El hombre del traje gris, 1988)
Música: Pancho Varona
Viajero que regresas a esa ciudad del norte
donde una dulce nieve empapa la razón,
donde llegan los barcos cargados de preguntas
a muelles laboriosos como mi corazón.
Háblale de mi vida, las autopistas negras
que atraviesan volando mi terca soledad,
esa gente que pasa por la calle, llevando
mi pensamiento al otro lado de la ciudad.
Cuando de ella y de mí queden sólo estos versos,
los hoteles que un día quisimos compartir,
los coches aparcados sobre nuestro recuerdo,
la Glorieta de Atocha donde la conocí,
dile que estoy parado al final de mí mismo
igual que un aduanero sin nadie a quien multar,
como un autoestopista debajo de la lluvia,
como la menopausia de una mujer fatal.
Y dile que la echo de menos,
cuando aprieta el frío,
cuando nada es mío,
cuando el mundo es sórdido y ajeno,
que no se te olvide,
es de esas que da
siempre un poco más
que todo... y nada piden.
Cuéntale que la extraño y que me siento seco
igual que un presidente dentro del autobús,
como una Kawasaki en un cuadro de El Greco,
igual que un perro a cuadros, igual que un gato azul.
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Benjamín Prado
Mara, fantasma azul de mis dieciséis años,
tú que fuiste una vez todo la que perdí
y la que nunca tuve.
Mara, labios de fruta,
igual que la vidriera monopoliza el sol,
te quedaste una tarde con mi vida.
Mara, almendra del mundo, yo acaricié tu piel,
supe que en ti empezaba un continente,
vi minas de oro,
campos de fresas,
arrecifes;
vi montañas y bosques donde vivir contigo.
Mara,
tú fuiste el centro de mis ojos,
el corazón del mar,
la llave de los días,
la mismo que la vela es el núcleo de la noche,
el eje de los vientos.
Mara,
cómo juntar
tus diecisiete años y un cementerio oscuro,
lleno de cruces blancas clavadas en la luna.
Mara,
cereza dulce,
ecuador de las cosas,
tú encontraste la muerte cuando ibas a buscarme.
Mara abismo, Mara veneno rojo,
Mara jardín desierto,
rosa bella y terrible cortada de mi vida.
De "Un caso sencillo" 1989
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Benjamín Prado
Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
lo mismo
que un oso en una jaula;
marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.
Estamos en invierno y yo busco cuchillos;
miro la calle;
pienso en Pasolini;
coges una naranja con mi mano.
Y esto es Roma.
La nieve
convierte la ciudad en una parte del cielo,
ilumina la noche,
deja sobre las casas su ángel multiplicado.
Y tu no estás.
Yo cierro una ventana,
miro el televisor,
leo a Ungaretti,
pienso
la distancia es azul,
yo soy lo único que hay entre tú y este frío
Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma
ni ninguna otra parte.
Miro atrás
has cerrado los ojos
y sueñas con un bosque;
de repente
alargas una mano,
Buscas una manzana
que está en el otro lado de la mujer dormida...
Mientras,
yo odio este mundo fría como el infierno
y el cansancio que caza lentamente mis ojos;
odio al lobo que has puesto en la palabra noche
y la forma en que llenas la habitación vacia.
Odio lo que veré
desde hoy y para siempre: tus pisadas
en la nieve de Roma, donde nunca has estado.
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