Ángel espantado(Paisaje de Cristino de Vera)
(Fernando G. Delgado)
yo os canto, casi mortíferos pájaros del alma,
sabiendo lo que sois.
R.M. Rilke
Este aroma tan leve
de la muerte rosa, el pétalo olvidado,
no es pertenencia de la vida,
su reino está en la muerte.
Este barrido aliento como nube, ráfaga de ceniza,
hará montañas firmes.
O posado en ciprés
será un barniz de aire, quién sabe si cristal,
brizna de hielo, granizo inoportuno
sobre el mármol que abriga, no hiela
tus despojos:
una osamenta límpida
de la cual fue arrasado todo revestimiento
y en vaga luz refulge como eterna.
Y en torno a sí reclama objetos familiares:
cálices para apurar aquel vino celeste
o inocentes espinas que rechazan
la dureza del hueso,
esa recia materia que proclama
la eternidad insuficiente.
Pero otra rosa hay: y es polen que dibuja
todo el silencio intenso que se aviva
con la ayuda del aire;
florecilla que al lienzo
conduce su rosa incomprendido,
amarillo que llega silbando con el viento,
borrado de las dunas donde el sol se apagara,
y buscando una estrella se acaba en la retina
de un ángel espantado.
