La Coctelera

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Categoría: Francisco M. Ortega Palomares

7 Mayo 2008

Tantas veces la vida

Francisco M. Ortega Palomares

"En la vida es más necesario perder que ganar."
B. Pasternak

Has perdido tantas veces que una más ya no importa,
como tampoco importan, a poco que lo pienses,
otras que pronto llegarás a aguantar.
Te tienen sin cuidado los saldos cotidianos,
los juzgados de guardia y el papel timbrado,
las pilas alcalinas y los jóvenes yupis
porque sabes que pronto volverás a perder.
Eres esa mujer que acepta, en silencio, aquietada,
el duro golpe helado del rapto de su flor,
-muerto el disfraz ajado de su belleza ayer-.
Eres el hombre hastiado en el húmedo parque
que mira en soliloquio fugaz atardecer
cuando las canas pueblan la pensante testuz,
y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita
colillas machacadas y fuentes de cristal.
Te tienen derrotado los ecos de la noche
la noctámbula voz de las sirenas
las canciones de sal,
y ese lento vacío de las conversaciones.
Te han vencido las líneas de otro amanecer
al confundir los rostros de los que van y vienen
-nunca sabrás muy bien-.
Estaciones de metro y garajes vacíos
te recuerdan que añoras volver a la niñez.
Te arruinan los bares, los kioscos de prensa,
la marca de las cosas y el último autobús
-ese que nunca llega-.
Te soterran las prisas, las angustias mortales
y las salas de espera, el cansino existir
cuando ya nada importa y ya a nada sabe
el hecho de vivir.

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25 Enero 2008

Demonio de mis sueños

Francico M. Ortega Palomares

Dime tú que callado me observas,
demonio de mis sueños, mi mal sueño de amor,
dónde el sentido perfecto que la vida no tiene,
adónde se subliman tantas iniquidades.
Dime dónde estas tú, ánima pura,
para besar tu faz y adormecerme
en un sueño lascivo.

Vengo de nadie y voy, tras mi silencio,
mirando incrédulo el Universo,
moribundo de sol, hasta enterrarme.

Ahíto de respirar el aire que me ahoga,
cansado de escucharme, yo te imploro:
¡ven pronto espía de la nada!
Estréchame en la curva perfecta del olvido,
donde el tiempo no cuenta,
y méceme, ligero, con un negro aire
que lleve mi conciencia donde no quede nadie.

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25 Enero 2008

Latido urbano

Francisco M. Ortega Palomares

Mi corazón es la ciudad intangible
la muchedumbre ausente,
los altos edificios sin su sombra.
Las plazas donde juegan los niños ausentes.
Las callejas oscuras con miserables crímenes.

El pulso de mis arterias
son las calles vitales donde fluye la gente,
los quioscos de prensa
con diarios que hablan
del alto índice de infidelidades,
las paradas de taxis que recogen
viajeros hacia ninguna parte,
las colas de mendigos,
los parques clandestinos para citas de amor,
los negocios del cuerpo.
Las casas de los ricos
las salas de masaje
el miedo a no ser nadie.

Cruzan mi corazón
los metros subterráneos
de todas las paradas suburbiales.

Mi corazón es tiempo almacenado.

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30 Septiembre 2007

Mar de Galilea

Francisco M. Ortega Palomares

Andar sobre las aguas he querido,
ser un antiguo dios encumbrado en el mar,
caminar sin hundirme
sobre el breve latido de las cosas
que ocultan su desastre.
No tocar fondo nunca
cuando avanzo,
por el espejo usado de la vida,
hacia los demás.

Flotar como un fantasma
en el viento y las olas
de la tormenta humana.
Vivir como quien quiere
pasar de largo el piélago
de un mal trago,
ni siquiera advertido
apenas descubierto.
Un espectro velado
por la arena del tiempo.

Pero siempre me hundo
en el negro tarquín,
bajo la gravedad del mundo.
Y con el agua al cuello
braceo contra la corriente,
náufrado de las dudas
y la desesperanza,
mientras busco
una mano mesiánica
que me ampare
de estos días de nada.

Y me doy por perdido
como en este poema
al que niego la fe.

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30 Septiembre 2007

Ojos que no ven...

Francisco M. Ortega Palomares

Mirar uno no quiere
hacia algunas cosas,
porque mirar es entender
y eso implica conciencia.

Por eso es preferible
comer ternera
y no saber cómo
fue degollado el animal,
vestir trajes de seda
y no conocer la tragedia
de los niños que en la India
estiran las urdimbres del telar
por diez rupias diarias.

Elegimos mirarnos al espejo
y nos disculpamos
con la autoayuda.

Mirar hacia otro lado
y taparse los ojos
ante lo que no nos gusta,
ocultar todo aquello
que es desagradable,
como quien tiene miedo
de saber lo que es.

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28 Julio 2007

Me gusta la ciudad

Francisco M. Ortega Palomares
(Las Leyes Físicas)

Me gusta la ciudad serena y triste
a esas horas que todos han huido
hacia el íntimo refugio de las cosas.
Cuando en el aire flotan, todavía, los ecos
de escandalosas fiestas y muchedumbres locas.
Entonces que la ciudad tiene conmigo
un gusto de cómplice y resaca
y late como mi corazón, solitario y tan frío,
desnudo con la noche,
furtivo como una rata.
Cansado y ronco como el ladrido
de un perro viejo que la lluvia calara.

Me gusta la ciudad a esas horas duras
que no la vive nadie, sólo las sombras
de seres que parecen venidos de otro mundo
a recoger las bolsas de basura,
mientras el aire se espesa y son
inútiles las señales de tráfico y las aceras.

http://cuadernopoesia.blogspot.com/

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4 Julio 2007

Hoy practico el silencio

Francisco M. Ortega Palomares

Hoy practico el silencio que no es poco,
la mudez temprana, el mutismo hondo,
la afonía y la calma.

He sepultado el canto y el grito ambicioso,
el falso declamar y el recitar famoso
de los nuevos poetas.

Hoy me callo para que hablen otros
y que mi lengua sea caudal insonoro
y no estilete.

Ganas me dan de no escribir un solo verso,
poner punto final y guardar los acentos
junto a las comas.

Liberar las metáforas, los nombres propios,
romper las oraciones, los grupos fónicos
y reírme de todo.

A fin de cuentas si algo valió la pena
es el haber andado por esta tierra
sin mucho ruido.

Porque en este mundo nada tiene sentido
si no es el cielo del olvido
y el de la rosa.

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3 Julio 2007

Fue entonces...

Francisco M. Ortega Palomares
Cuenta atrás

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento.
Julio Cortázar

Fu entonces que dijiste,
-cuando todo tal vez ya estaba muerto
y empezaban a ahondarse mucho más las heridas-,
como sentencia atroz: seguirás escribiendo.

Quise romperlo todo,
anegar con mi llanto estos versos y otros,
quemar papeles, libros, palabras no inventadas.
Vender este destino de poemas y letras,
odiar cuantas metáforas pudiera yo soñar.

Fue entonces que dijiste...
y ya no quise ser más amante de nada
que no fuera estar cerca de donde estabas tú.

Desde ese día odié esta fútil paciencia
de buscar la belleza y apresarla en palabras,
esta tarea inútil de forjar el lenjuaje del viento
y el alma del silencio.

Desde ese día estéril me hundo entre las líneas,
me ahogo en los vocablos
y me dejo llevar, perdido en la corriente,
por el duro fracaso de tu amor.

Desde ese día que todo estaba escrito,
me siento condenado a mirarme sin ti
y, sin embargo, anoto estas letras finales,
sabiendo, más que nunca, que ya no estarás tú,
ahora cuando entiendo que escribir es vivir
y vivir es morir a cada instante.

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