Inma Chacón
Si buscáramos espejos
donde apagar la sed y la sequía
¿qué sería del agua?
¿Y del valor,
si bastara el reflejo del escudo
para vencer el miedo?
Qué sería del llanto
si pudiéramos sangrar
en las venas de los otros.
Y de los sueños
si no fuéramos
los que cerráramos los párpados.
Qué sería del abrazo sin piel
y de la lluvia sin salpicaduras.
Del brillo sin cristal
de la transparencia, sin el otro lado.
¿Qué sería de Sísifo sin piedra a sus espaldas?
Del negro, de la sombra.
De la verdad,
del día,
del roce de la seda.
¿Qué sería del mito
sin nosotros?
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Inma Chacón
La arena del reloj es silenciosa,
y paciente,
sabe que no depende de ella
su quietud,
ni la velocidad con que sus granos
se lanzan al vacío.
No es suyo el movimiento.
Y, sin embargo,
espera,
pacientemente espera,
segura del momento
en que llegará la mano
segura del placer
que guarda en esa vuelta
que la devuelve al hueco
donde cobra sentido.
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Inma Chacón
Te encontré lejos,
donde parecía que el mundo se acababa,
y me miraste
pero no sé
si quisiste decirme algo con los ojos,
no sé si me veías,
parecías perdido,
hundido
en no sé qué tristezas.
Quizá te preocupaba el destino de Ariadna,
o el negro
de las velas de tu barco,
quizá buscabas la razón de tu parálisis,
y sufrías un vértigo invisible.
El caso es que te vi,
desorientado,
ausente,
tal vez
dispuesto a regresar.
Quizá fuera ése el pensamiento
que escuché
detrás de tu mirada.
Quizás amaste más
de lo que otros advirtieron,
y te dolían las caricias
que dejaste dormidas en el bosque.
Incluso parecía que llorabas.
O quizá
fueran mis ojos.
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Inma Chacón
A Arabella
17 de febrero de 2005
Algún día, la luna sabrá
que existen otras bocas
donde reconocerte.
Y encontrará tu risa
enredada en otra carcajada.
Algún día vendrás,
disfrazada de cuarto menguante,
y los labios
que apenas te rozaron,
se parecerán a ti.
Algún día volverás,
necesaria y ausente.
Y serás cuarzo rosa
colgado de un cuello.
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