Antonio Martínez Sarrión

Como la tea, que sirvió una vez
para alumbrar en el festín de bodas
y prender, de la novia, la pira funeraria,
con similar presura, desfilaron tus años.

Ni siquiera una ráfaga de viento
concedió tregua alguna a los instantes
que ahora, encadenados, se recuerdan.

Fue, asimismo, ilusoria suspensión
amar, leer, escribir y viajar. Y embriagarte.