Ángel González

En muchas ocasiones he recurrido a los poemas de Ángel González para reflejar con sus palabras el amor, la libertad o las emociones que la vida ofrece y es hoy, un triste hoy cargado de ausencia, cuando vuelvo a recordar al poeta que nos abandona.
Los poetas no mueren, se quedan en la memoria de los que caminan por sus palabras. Las palabras que anuncian como profecía su eterno viaje hacia la nada:
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo.
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
este amor ya sin mí te amará siempre.
Ángel González nació en Oviedo, el 3 de septiembre de 1925. Pertenecía al grupo conocido como la Generación de los 50 ó de Medio Siglo entre los que se encuentran Jaime Gil de Biedma, Manuel Caballero Bonald, Carlos Barral o José Ángel Valente.
Licenciado en Derecho y fiel representante de la poesía social nacida, decía, del sufrimiento y el rechazo a la miseria de los años de la postguerra, su sentimiento de rebeldía hacia la Dictadura y la imposibilidad de enseñar Literatura en España le llevó a escapar en 1972 a Alburquerque (Nuevo México, Estados Unidos), en cuya universidad, que le nombró Doctor Honoris Causa en 1997, enseñó Literatura hasta que se retiró en 1993.
El Conformista
Cuando era joven quería vivir en una ciudad grande. Cuando perdí la juventud quería vivir en una ciudad pequeña. Ahora quiero vivir.
Miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 1996, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias (1985) y el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana (1996).
Admirador de Claudio Rodríguez, Blas de Otero, José Hierro y Juan Ramón Jiménez, Ángel González fue un gran apasionado de la música. Colaboró con el cantautor Pedro Guerra en el libro-disco "La palabra en el aire" (2003) y en el trabajo "Voz que soledad sonando" (2004), con el tenor Joaquín Pixán, el pianista Alejandro Zabala y el acordeonista Salvador Parada.
Reverbera la música en los muros...
Reverbera la música en los muros
y traspasa mi cuerpo como si no existiese.
¿Soy sólo una memoria que regresa
desde el cabo remoto de la vida,
fiel a una invocación que no perdona?
Música que rechazan las paredes:
sólo soy eso.
Cuando ella cesa también yo me extingo.
De su obra poética destacan "Áspero mundo" (1955); "Sin esperanza, con convencimiento" (1961); "Grado Elemental" (1962); "Tratado de Urbanismo" (1967); "Palabra sobre palabra" (1968); "Breves acotaciones para una biografía" (1971); "Prosemas o menos" (1985); "A todo amor" (1988); "Deixis de un fantasma" (1992); la antología "Luz o fuego o vida" (1996); la antología "Lecciones de cosas y otros poemas" (1998); y "101+19=120" (2000). Entre sus ensayos figuran "Juan Ramón Jiménez" (1973); "El Grupo Poético de 1927" (1976); "Gabriel Celaya" (1977); y "Antonio Machado" (1979). Su último libro "Otoños y otras luces", poemas sobre la nostalgia, la elegía el paso del tiempo y la vejez (2001), fue publicado tras nueve años de silencio porque, declaraba, tenía que sentir la necesidad de escribir.
En una entrevista recuperada por RNE, Ángel González decía que no entendía la vida y que precisamente escribía poesía para intentar entenderla.
POÉTICA a la que intento a veces aplicarme.
Escribir un poema: marcar la piel del agua.
Suavemente, los signos
se deforman, se agrandan,
expresan lo que quieren
la brisa, el sol, las nubes,
se distienden, se tensan, hasta
que el hombre que los mira
-adormecido el viento, la luz alta-
o ve su propio rostro o
-transparencia pura,
hondo fracaso- no ve nada.


carlos j. dijo
Veo que hemos coincidido bastante en nuestras despedidas blogueras, al elegir el "Ya Nada Ahora", lo de Sabina...
http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2008/01/ngel-gonzlez.html
Nos queda su palabra y su poesía, aunque perdemos sus futuras creaciones, su limpia y singular mirada sobre la vida y el amor.
16 Enero 2008 | 12:15 AM